27 de febrero de 2010

El mensaje de las SIETE IGLESIAS del Apocalipsis

APOCALIPSIS. Es interesante notar, que la introducción que se hace a cada una de las siete iglesias, es tomada de las características de la visión de Jesús que se menciona en el capítulo uno. Cada una de estas iglesias eran congregaciones locales, con rasgos peculiares y con necesidades únicas. Estas iglesias son usadas para representar los diferentes períodos de la iglesia cristiana, desde su origen hasta la etapa final del cristianismo.
Las siete iglesias

Las cartas que Cristo envía a las siete iglesias no se limitan a las áreas geográficas de ellas, aunque estaban pasando por los problemas allí mencionados. Una cosa muy interesante es que los nombres de las ciudades donde se ubicaban estas comunidades cristianas tienen nombres que revelan los rasgos más sobresalientes de su historia. También podemos ver que las promesas y amonestaciones son para todas las iglesias y para cada cristiano en particular.

Desde muy temprano en la era cristiana hubo líderes que entendían que los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis presentan siete etapas o períodos de la iglesia durante toda la era cristiana. Podemos entonces ver la importancia de entender estos mensajes, pues la correcta interpretación de estos nos llevará a comprender mejor el resto del libro. Lo que el Señor dice en estos dos capítulos lo repite, pero con mayores detalles, en los capítulos siguientes.

La primera iglesia: Éfeso

Éfeso (2:1-7)

(Ap. 2:1) Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: {2} Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; {3} y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. {4} Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. {5} Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. {6} Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. {7} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

Escribe al ángel de la iglesia en ÉFESO. El que tiene la siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: (2:1)

El nombre Éfeso significa “Deseable” y representa la iglesia apostólica, comenzando en el año 31, cuando Cristo murió, resucitó, ascendió al cielo y envió el Espíritu Santo sobre los creyentes en Pentecostés, hasta el año 100, cuando murió Juan, el último de los apóstoles.

En los mensajes a cada iglesia Cristo se dirige “al ángel”. Siendo que la palabra “ángel” significa “Mensajero”, entendemos que se refiere al ministro o pastor como el representante de la iglesia, pero el mensaje va a toda la iglesia.

Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmallado (2:2,3).

Lo primero que Cristo dice a cada iglesia es “Yo conozco tus obras”, indicio de que nada está oculto al ojo escrutador de Dios. Si visualizáramos esta gran verdad bíblica nuestro comportamiento sería mucho mejor.

La iglesia del primer siglo, mientras vivieron los apóstoles, mantuvo viva la fe y trabajó seriamente por la causa del Evangelio. En corto tiempo, unos 70 años, la palabra de Cristo llegó a todo lo que abarcaba el imperio romano y aun fuera de sus límites. Bajo la ministración del Espíritu Santo, los discípulos hablaron al mundo de un Salvador muerto por el pecado del hombre, resucitado y ascendido al cielo donde ministra por los suyos ante el Padre. Enseñaron fervientemente que ese Salvador estaba próximo a venir al mundo.

Los perseguidores de los primeros creyentes no se limitó a los líderes del judaísmo. Los romanos veían a esta nueva religión como una amenaza a los cultos a sus dioses y emprendieron, desde los días de Nerón, una cruenta lucha contra ellos. Pero a pesar de la persecución, la semilla del Evangelio siguió dando frutos. Cada cristiano que era martirizado conmovía a los paganos y muchos se unían a la fe.

Este mensaje a Éfeso muestra que aun el primer siglo, la iglesia sufrió la participación de algunos líderes que pretendían se apóstoles. Que bueno que la iglesia supo resistirlos. Hoy no es así. Justamente la causa de la proliferación de sectas es la actitud de algunos miembros que se erigen como líderes y quieren atraer a los creyentes hacia ellos. Al ser rechazados se alejan de la congregación y se llevan a otros consigo y forman una nueva iglesia. También hay los que se dividen a causa de doctrinas novedosas y prácticas extrañas.

Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto de donde has caído, y arrepiéntete, y has las primeras obras; pues si no, vendré a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido (2:4,5).

Mientras se acercaba el cierre del siglo primero, la iglesia comenzó a ablandarse respecto a la enseñanzas del Maestro. El fervor comenzó a menguar. Esta actitud fue el génesis de la bancarrota espiritual que veremos en los siglos subsiguientes. Tenemos que recordar que “el primer amor” es Cristo. Si dejamos de mirar a Él, si abandonamos su doctrina, si dejamos de testificar, el futuro de la iglesia será tenebroso.

Como individuos debemos escudriñar nuestro pasado, ver nuestra actitud cuando comenzamos la vida de la fe. Al hacer este recuento podemos visualizar donde comenzamos a apartarnos de la senda correcta. A veces nos preguntamos cómo una persona que era activa en la iglesia de pronto se va. Lo cierto es que nadie se va de la iglesia súbitamente. Hay un germen de incredulidad o mundanalidad que ha estado corroyendo la vida espiritual. Se deja de asistir a algunos cultos; se abandona la oración y el estudio de la Biblia; se olvida el sostener la causa de Dios con nuestros diezmos y ofrendas. ¿Cómo podemos subsistir como cristianos con una conducta así? Poco a poco la fe va debilitándose y si no despertamos a tiempo hemos de descarriarnos.

Pero tiene esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las Cuales yo también aborrezco (2:6).

No hay mucha información sobre los nicolaítas. La única que tenemos proviene de Policarpo, obispo de Esmirna, quien dice que estos eran seguidores de uno de los siete diáconos mencionados en Hechos 6:5, donde se nos habla de “Nicolás, prosélito de Antioquía”. Parece ser que este Nicolás apostató de la fe y creó un grupo de seguidores. Se cree que estos mantenían doctrinas gnósticas.

Tanto la iglesia como Cristo detestan, no a los nicolaítas, pero sí sus obras, sus enseñanzas falsas, su actitud desafiante hacia el orden de la iglesia. Hoy el cristianismo está minado de doctrinas paganas y prácticas anti-bíblicas. Miles de sectas pretenden ser iglesias de Dios y hasta ostentan nombres muy cristianos, pero el contenido de su cuerpo doctrinal está alejado de las cosas que enseña la Palabra de Dios. No odiamos a los que se llaman cristianos ni a los que siguen filosofías y prácticas de origen pagano, pero sí son odiosas muchas doctrinas que siguen, sobre todo aquellas iglesias que insisten en que son cristianas y que siguen la Santa Biblia.

Hay religiones que esclavizan a sus adeptos y líderes que pretenden ser Dios, profetas o ser guiados en formas directa por el Espíritu Santo. Hay sectas que les lavan el cerebro a sus miembros y los manipulan con enseñanzas ajenas a la “sana doctrina”. Hay iglesias y sectas que han contaminado las enseñanzas de Cristo con teorías y dogmas del paganismo. Toda esta gama de sectas, religiones y filosofías son los modernos “nicolaítas” que hoy campean por rsu respeto en todo el mundo. Esta mezcolanza doctrinal hace que sea cada vez más difícil la proclamación de la verdad para este tiempo.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios (2:7).

El principio de este verso indica que lo dicho a Éfeso se dirige a todas las iglesias. Cada promesa es tanto para la iglesia como para cada cristiano individual. Esta promesa dada a la primera iglesia, como las que han de ser dadas al resto de las siete, tiene que ver con la eternidad. El árbol de la vida que estaba en medio del huerto en Edén, cuya fruta gustaron Adán y su esposa antes del pecado, se encuentra “en medio del paraíso de Dios”. Apocalipsis 22 nos habla de forma preciosa de ese maravilloso árbol que crece a ambas márgenes del río de la vida, el cual procede del trono de Dios. Comer de esos frutos, los cuales son diferentes cada mes, ha de perpetuar la vida en la tierra renovada.

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La segunda iglesia: Esmirna

Esmirna (2:8-11)

(Ap. 2:8) Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto: {9} Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás. {10} No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. {11} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte.

Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: el primero y el postrero, el que estuvo muerto y vivió, dice esto (2:8):

Esmirna quiere decir “Mirra”, y según esta substancia tenía que ser machacada para que diera su agradable olor, esta iglesia habría de ser perseguida. El período de esta iglesia va desde el año 100 en que murió el último de los apóstoles, hasta el edicto de Milán, en el 313.

Por el estado de persecución en que vivía la iglesia de esta época, Cristo se presenta a ella como el “que estuvo muerto y vivió”. El ejemplo supremo de Jesús, que dio su vida para salvar a los pecadores, sería imitado por los creyentes que darían sus vidas por la causa de Cristo.

Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino sinagoga de satanás (2:10).

La iglesia de Esmirna era rica en el conocimiento de Cristo, rica en los dones del Espíritu Santo, rica en obras de fe. Se menciona a los “judíos” en sentido figurado. En los tiempos de los apóstoles y algunos años después, los creyentes en Cristo eran tenidos como una secta dentro del judaísmo, como eran los Zelotes, los Esenios y las más conocidas: los Fariseos y los Saduceos. Fue en Antioquía donde primeramente llamaron Cristianos a los seguidores de Jesús. En una ocasión a Pablo se le dijo que era príncipe de “la secta de los Nazarenos”. Pero podemos entender que la expresión “Judíos” del texto que estamos considerando se refiere a cristianos, a participantes del grupo de creyentes.

Ya para el segundo siglo era común ver distintos grupos que surgieron de la iglesia cristiana. Como vimos en el período anterior, ya en tiempos de los apóstoles se podían notar disensiones y herejías en medio de la iglesia. Mientras Jesús mencionó “falsos Cristos y falsos profetas” (Mateo 24:24), Pablo menciona a los que habrían de apartarse después que los apóstoles faltaran (Hechos 20: 29-31). Pedro habla de “falsos doctores (maestros) que introducirán encubiertamente herejías de perdición”. Estos disidentes, según el apóstol, surgirían en medio de los creyentes (2 Pedro 2:1). Juan menciona por nombre a “Diótrefes”, quien quería ser el principal entre los hermanos y que llegó hasta a rechazar aun a los que Juan enviaba (3 Juan 9,10). No nos extrañemos, pues, que en la iglesia surjan herejes y apóstatas.

La época de la iglesia de Esmirna es, posiblemente, una de las más difíciles para los creyentes, pues comenzó a entrar el elemento pagano de forma mucho más fuerte que en el período anterior. Aquí surgen las más peligrosas herejías, muchas de las cuales aún hoy son creídas y aceptadas por el grueso de los grupos llamados cristianos.

Ya para mediados del siglo segundo, y para que no se les asociara con los judíos, algunos grupos cristianos fueron poco a poco alejándose de muchos principios de la Palabra de Dios. Fue un tiempo en que surgieron muchos de los llamados “padres de la iglesia”, cuyos escritos forman parte de la “tradición patrística”. Desgraciadamente, muchos de estos bebieron de las fuentes contaminadas del paganismo. Esta “tradición” es aceptada por la iglesia de Roma como si fueran los Escritos Sagrados de la Biblia. También en este tiempo surgieron otros “evangelios”, “epístolas” y “apocalipsis” apócrifos que hoy forman un volumen tan grande o más que el Nuevo Testamento. Basados en estos escritos fraudulentos, hoy se pone en entredicho las Escrituras canónicas por modernos teólogos y maestros.

No temas nada lo que vas a padecer. He aquí el diablo echará de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida (2:10)

Nuevamente se hace referencia las persecuciones. Se menciona un período de diez días. Esta es la primera mención de una profecía de tiempo en el Apocalipsis. Tanto en este libro como en el de Daniel se mencionan varias profecías de este tipo. Según Ezequiel 4:6 y Números 14:34, Dios nos da días por años en las profecías. Entonces, estos diez días de Apocalipsis 2:10 representan diez años y son los últimos años de persecución bajo Diocleciano, del 303 al 313.

En el llamado “sé fiel hasta la muerte”, Cristo vuelve a recalcar las persecuciones de este período, cuando se cree que cerca de un millón fueron martirizados. Pero para aquellos que sean fieles “hasta la muerte” les aguarda “la corona de la vida”, que es la eternidad en la tierra renovada.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la muerte segunda (2:11).

“La muerte segunda” se refiere al castigo final para los impíos (Apocalipsis 21:8). A pesar de que , debido a influencias paganas, la iglesia adoptó la creencia de la inmortalidad del alma, lo cierto, bíblico y razonable, es que los malos recibirán su castigo luego de ser resucitados después del milenio. Es en su cuerpo que recibirán el castigo. El texto de Apocalipsis 20:9 dice que tanto Satanás como los impíos serán “devorados”. Pero los fieles no han de temer, la muerte segunda no es para ellos. Al contrario, podrán disfrutar de la vida eterna e inmortal con Cristo por edades sin fin.

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La tercera iglesia: Pérgamo

Pérgamo (2:12-17)

(Ap. 2:12) Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto: {13} Yo conozco tus obras, y dónde moras, dónde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. {14} Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación. {15} Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. {16} Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. {17} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe.

Y escribe a la iglesia en PÉRGAMO: El que tiene la espada de dos filos dice esto (2:12):

Pérgamo significa “Elevación” y nos lleva al 313, año del edicto de Milán, hasta el 538, cuando el obispo de Roma fue exaltado como el principal sobre todas las iglesias. El nombre sugiere un cambio en la condición de la iglesia, cambio que ya veníamos vislumbrando en los períodos anteriores.

En el año 312 Constantino venció a Magencio en el puente Milvio y se convirtió en el primer emperador pro cristiano de Roma. Juntamente con Lisinio, que gobernaba el norte del imperio, Constantino dio el edicto de Milán, mediante el cual concedía a los cristianos igual oportunidad con los paganos de ejercer su religión.

La tradición indica que, antes de enfrentarse con el líder de los paganos, Constantino tuvo una visión, en la cual vio una gran cruz y las palabras “Hoc Signo Vincis” (Con este signo vencerás). Sus ideas supersticiosas lo llevaron a colocar cruces en sus estandartes y, como ganó la batalla, se la atribuyó a Cristo. Luego de esto edificó iglesias, como la de Santa Irene en Roma, y concedió favores especiales al clero.

Lejos de ser el “emancipador de la iglesia”, Constantino fue el destructor del cristianismo. Como hábil político, el emperador quiso unificar a cristianos y paganos. Y logró su empeño, pues durante el período de Pérgamo la iglesia cristiana se corrompió hasta lo sumo. Una avalancha de paganos entró a la iglesia, causando una mezcolanza de dogmas y prácticas ajenas a las sencillas enseñanzas de Cristo.

Fueron las enseñanzas de Platón, gran sabio griego, que más contribuyeron a la corrupción doctrinal de la iglesia. Esto se llama el “neoplatonismo”. Muchos de los llamados “padres de la iglesia” seguían fielmente los postulados platónicos como si él fuera un profeta de Dios. La doctrina más enseñada fue la “inmortalidad del alma”, destacada ampliamente en las obras de Platón: El Fedón y La República. Juntamente con esta enseñanza pagana vinieron sus hijas: el purgatorio, el limbo, la intercesión y el culto a los santos y el infierno, como un lugar de tormentos para los malos al momento de morir y las indulgencias.

Yo conozco tus obras, y donde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni aún en los días en que Antipas, mi testigo fiel, fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás (2:13).

En la antigua Pérgamo se encontraba un hermoso templo dedicado a Zeus o Júpiter, el cual tenía la forma de un gran trono. Al leer estos textos de Juan, muchos de los cristianos de Pérgamo asociaron este edificio con lo que Cristo llamó “el trono de Satanás”.

Pérgamo fue la ciudad del imperio griego por donde la cultura y religión helénica entraron a Roma. “La silla de la Bestia” (Apocalipsis 16:10) y “el trono de Satanás” del texto aludido, son una misma cosa. Grecia fue el quinto reino de los siete que menciona Apocalipsis 17:10. En otras palabras, Satanás tiene un trono movible, el cual ha estado, desde los tiempos de Egipto, hasta Roma, en los días de Juan.

Además de ser tan importante en el traspaso de la cultura y religión griega al imperio romano, Pérgamo se distinguió por acentuar el culto al emperador como dios. También Cesar era conocido como el “Pater Familia” o padre de familia o padre del imperio. El nombre “Antipas” es simbólico. Viene de la frase “anti-pater” o “en contra del padre”. Antipas es, pues, un movimiento entre los cristianos opuesto al culto al emperador como padre o dios.

La era de Constantino no tuvo precedentes en la historia de la iglesia. La corrupción religiosa era común y casi no había diferencia entre los cultos paganos y la iglesia cristiana. Muchos cristianos, que estaban ocultos en las catacumbas por causa de la persecución del período anterior, salieron de sus escondites para darse cuenta que la iglesia que tanto apreciaron estaba llena de paganismo.

La ambición de Constantino no tenía límites. La tradición romana le concedía tres títulos: rey temporal, pontífice máximo de la religión y deidad digna de adoración. Debido a su amistad con Silvestre, obispo de Roma, y codiciando el título de “sumo pontífice”, Constantino mudó la capital del imperio para el Bósforo, y llamó su ciudad Constantinopla o la Nueva Roma. En el 325, y como el sumo pontífice, Constantino presidió el Concilio de Nicea. Vacante el trono de Cesar en Roma, el obispo Silvestre quedó como la máxima autoridad.

Para comienzos del siglo V, habían cinco obispados que se disputaban la supremacía de la iglesia. Muchos creían que el cargo debía ser del de Constantinopla, por ser la sede del imperio; otros creían que debía ser el de Jerusalén, donde nació la iglesia. Los otros eran de Antioquía, Alejandría y Roma. Mediante un decreto en el año 533, Justiniano, emperador de Oriente, ordenó que la supremacía recayera sobre el obispo de Roma y que el de Constantinopla se conformara con un segundo lugar. Según el edicto, el título del obispo era “Cabeza de las iglesias y corrector de los herejes”.

Muchos cristianos no estuvieron de acuerdo con la exaltación del obispo de Roma, quien ya ostentaba el título de “papa”. Al proyectarse al período eclesiástico profético, Antipas puede asociarse con “anti papa”. Los que no aceptaron el cambio en la iglesia, fueron perseguidos, y esta persecución se prolongó hasta el período siguiente.

A pesar de la corrupción moral y doctrinal en este período, el texto dice que la iglesia retuvo el nombre de Cristo y no negó la fe. Gracias a Dios, el Salvador ha contado en toda época con siervos fieles que han preservado las verdades preciosas de su Palabra.

Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación 2:14).

Balaam es otro nombre simbólico en el pasaje de las siete iglesias. Este personaje era un adivino, a quien Balac, rey de Moab, contrató para que maldijera al pueblo de Israel, recién salido del Egipto. Cuando Balaam trató de maldecir al pueblo de Dios, el Señor cambió sus palabras y en lugar de maldecir, bendecía a Israel. Como no pudo recibir los dones que el rey le ofreció, Balaam ideó una forma que sí le dio resultado. Consiguió que los hombres de Israel fornicaran con las mujeres moabitas, trayendo corrupción en el pueblo.

La fornicación mencionada en el texto referente a la iglesia de Pérgamo, y promovida por el nuevo Balaam, se refiere a la fornicación espiritual. Como ya hemos dicho, esta época se caracterizó por la introducción y acentuación de enseñanzas y prácticas del paganismo. Al seguir esta conducta errada, la iglesia ha cometido fornicación espiritual.

Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco. Por lo tanto arrepiéntete; pues si no, vendré pronto a ti, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca (2:15,16).

Los nicolaítas, tan exitosamente rechazados por la primera iglesia, ahora florecen en toda el área de las costas del Mediterráneo. Los conceptos gnósticos promovidos por los nicolaítas entraron en la iglesia y aun hoy son creídos por muchos cristianos.

La iglesia nunca ha estado ni estará libre de cismas. Siempre habrá individuos que tratarán de causar divisiones. Esa es la causa principal del aumento sin precedentes en las sectas y denominaciones cristianas. Pero esto no debe ser excusa para rechazar todo lo que pretenda ser nueva luz. Cuando alguien se levante con un mensaje, es deber que este sea analizado por la iglesia. Ninguna “nueva luz” puede anular la antes recibida. Dios ni su Palabra pueden contradecirse. Si lo que pretende ser luz nueva está de acuerdo con la revelación, debe ser aceptada. Si no lo está, el que la trae debe ser amonestado y tratar de que acepte su equivocación. Si hay orgullo en él, entonces no aceptará la admonición. Y será el comienzo de un cisma.

Desde el siglo segundo hasta toda la Edad Media la iglesia ha venido contaminándose. Muchos cristianos, aun a riesgo de perder sus vidas, se levantaron a poner en orden las verdades de la Palabra de Dios. A estos les debemos que hoy disfrutemos de esas verdades.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino el que lo recibe (2:17).

El maná fue el pan que Dios envió a los israelitas en su viaje por 40 años por el desierto. Por orden de Dios un recipiente con maná fue colocado dentro del arca de la alianza. A los vencedores de Pérgamo se les promete comer “del maná escondido”. Ese “pan del cielo” será parte de los exquisitos manjares que los redimidos comerán en la tierra renovada.

La “piedrecita blanca” nos trae una práctica oriental bien significativa. Cuando un forastero visitaba un lugar y era hospedado por una familia, al despedirse, el forastero entregaba al hospedador la mitad de una piedrecita con su nombre escrito. Este objeto era muy apreciado. Mostrarlo en el lugar de procedencia del extranjero era causa de especial trato. Cristo ofrece esta piedrecita blanca como un símbolo de amistad con Él. ¡Qué maravilloso es ser considerado como parte de la familia de Dios!

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La cuarta iglesia: Tiatira

Tiatira (2:18- 29)

(Ap. 2:18) Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto: {19} Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras. {20} Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. {21} Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. {22} He aquí, yo la arrojo en la cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. {23} Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras. {24} Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; {25} pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga. {26} Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, {27} y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre; {28} y le daré la estrella de la mañana. {29} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Y escribe al ángel de la iglesia en TIATIRA: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto (2:18):

Tiatira significa “Dulce Sabor de Trabajo” y representa a la iglesia desde el 538, año del edicto de Justiniano elevando al obispo de Roma como jefe universal de la iglesia, hasta el 1517, cuando comenzó la Reforma, con Martín Lutero. El nombre de Tiatira conlleva la persecución que sobrevino a los fieles y su huida a los desiertos para adorar a D i o s de acuerdo a sus conciencias. La razón de la huida de los verdaderos cristianos era obvia: no podían soportar a la iglesia politizada y herética.

Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y tus obras postreras son más que las primeras (2:19).

Estas palabras son dedicadas a los valientes que han luchado por su fe, los que se han esforzado por preservar las verdades evangélicas a pesar de la persecución imperante. Varios millones murieron por su fe en esta época como mártires de Cristo, dando a la apostasía un ejemplo de fervor y abnegación. Estas primera palabras de Cristo, una vez más, indican que en todo tiempo han habido y habrán fieles seguidores del Maestro.

Entre los grupos cristianos que más se destacaron en esta época, podemos mencionar a los Valdenses. Estos abnegados siervos de Dios se dedicaron a esparcir la Palabra del Señor en muchos lugares de Europa. Vestidos como mercaderes, distribuían porciones de la Biblia traducidos en la lengua de los pueblos. Varias cruzadas fueron organizadas contra ellos y miles murieron por su fe.

También los Lolardos, fundados por Juan Wicleff, llevaron por Inglaterra y países vecinos la Biblia traducida por el reformador. Aunque trataron de callar la voz de Wicleff, este dijo a los papistas que viviría para denunciar todos los abusos y corrupción del clero, así como sus persecuciones contra los hijos de Dios.

Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras a esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos. Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación. He aquí yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella. Y a sus hijos heriré de muerte y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y el corazón; os daré a cada uno según vuestras obras (2:20-23).

Otro nombre simbólico aparece en los mensajes a las iglesias. Esta vez es Jezabel. El nombre nos remonta a los días de los reyes de Israel. Jezabel era fenicia, adoradora de Baal. Fue la esposa impía de Acab. Este rey no era necesariamente malo, su conducta perversa era “porque Jezabel lo incitaba”. La reina mantenía de su mesa a 450 profetas de Baal. El gran profeta de esos días era Elías, quien tuvo problemas con la perversa reina. Luego de la gran victoria del profeta sobre los baales, Jezabel fue muerta, echada de una torre por orden de Jehú.

Jezabel representa la gran apostasía del Medioevo. Tiene una similitud con la ramera llamada “Babilonia” de los capítulos 17-19 de Apocalipsis. Hay severas amonestaciones a los que se encuentran atrapados en las redes de esta perversa mujer. De nuevo, la fornicación que se menciona en el pasaje es espiritual y denota las falsas enseñanzas que desde los tiempos de Esmirna ha estado corrompiendo el cristianismo.

Es la Edad Media: época de concilios, de reformadores, de la Inquisición de la exaltación del papado, de los señores feudales y la antesala del Renacimiento. Fue el tiempo de “La Divina Comedia” de Dante y de “La Escolástica” las cuales, con otras obras de autores de renombre, influyeron enormemente en el pensamiento medieval. Fue el tiempo de “Las Cruzadas”, de las guerras del mundo árabe y también el tiempo de las más grandes persecuciones contra los sinceros creyentes de la Palabra de Dios.

La persecución no se limitó a los cristianos llamados “herejes”, sino, además, contra la Biblia. Tener un ejemplar de la Biblia o parte de ella era tenido como uno de los más graves crímenes. En esta época hubo varios que se atrevieron, a pesar de las presiones, de traducir la Biblia a la lengua del pueblo. Entre ellos podemos mencionar a Wicleff, a Tyndale y al mismo Lutero.

Lo único que podría desenmascarar los sofismas de la iglesia popular era la Palabra de Dios. Al romanismo no le convenía ponerla en manos del pueblo y le declaró la guerra a la Biblia. Aunque habían unas pocas traducciones, estas eran reservadas a los eruditos y algunos de la nobleza. También los templos, en casi todos, habían manuscritos de la Biblia. En algunos casos, las Biblias eran encadenadas a los púlpitos.

Cristo dice que a Jezabel y a los que adulteran con ella serán arrojados “en gran tribulación”. Esa expresión se refiere al tiempo de angustia mencionado en Daniel 12:1 y el tiempo de las plagas postreras de Apocalipsis 16. Estas plagas son para los que siguen a Babilonia, indicio claro de la asociación de Jezabel con la ramera apocalíptica.

Pero a vosotros y a los demás que estáis en Tiatira, a cuantos no tienen esa doctrina y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga (2:24,25).

Nuevamente Cristo dice que había fieles en Tiatira, los cuales son llamados a proseguir en su fidelidad a la causa de Dios. “Las profundidades de Satanás” alude a las pretensiones de los gnósticos de ser los únicos en conocer las profundidades de Dios. Cristo hace claro que lo que estos llaman así son conocimientos de la ciencia de Satanás. Hoy podemos ver seguidores de ciencias orientalistas y “Nueva Era” que tienen las mismas pretensiones gnósticas y que no es otra cosa que la obra maestra del enemigo de Dios y de su iglesia. Estos enseñan que en el interior de cada ser humano hay las posibilidades de ser bueno, de ser un “avatar” o individuo perfeccionado, argumento que va en contra del Evangelio, que enseña que el ser humano es malo por naturaleza y que necesita, para regenerarse, de la gracia de Dios. No es mirando a nuestro interior que ganamos la victoria sobre el mal, sino mirando a la cruz y dependiendo del poder de Dios.

“Hasta que yo venga” es una clara alusión al tema es la segunda venida de Cristo, evento que siempre estuvo latente en los cristianos de antaño y que es hoy el tema principal de la iglesia remanente.

Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebrantadas como barro de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre; y le daré la estrella de la mañana. El que tiene a lo que el Espíritu dice a las iglesias (2:27-29).

Nuevamente Cristo ofrece a los vencedores el premio de la vida eterna. Como los salvados han de reinar con Cristo, aquí se los presenta como gobernadores de la tierra y castigadores de los impíos, cosa que hará finalmente Cristo. “La estrella de la mañana” es el mismo Jesús (Apocalipsis 22.16).

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La quinta iglesia: Sardis

Sardis (3:1-6)

(Ap. 3:1) Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. {2} Sé vigilante, y afirma las cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. {3} Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. {4} Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. {5} El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. {6} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Escribe al ángel de la iglesia en SARDIS: el que tiene los siete los siete espíritus de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto (3:1).

Sardis significa “Canto de gozo” y representa la iglesia en tiempos de la Reforma del 1517, hasta el 1798, cuando culmina la gran profecía de tiempo de Daniel 7:25 y que varias veces se menciona en Apocalipsis.

La obra de reforma, que había sido aplastada por el poder religioso-político del Medioevo, tuvo su gran victoria con el monje alemán Martín Lutero. Por primera vez un reformador tiene el apoyo de toda una nación, representada por sus príncipes.

Lutero era monje de la orden de los Agustinos. Su vida monástica se concentraba en estudios profundos de teología y en mortificaciones del cuerpo. Su primer contacto con la Biblia fue en la biblioteca del monasterio. Aquel libro lleno de polvo asombró al monje y desde ese momento lo hizo su compañero.

En un viaje a pie que tuvo que hacer a Roma con un compañero de la orden, Lutero notó la buena vida que se daban los monjes en Roma y la pompa en que vivía el pretendido vicario de Cristo. Quiso subir de rodillas la “escala santa”, la cual se decía que fue trasladada milagrosamente al Vaticano, y al ir por la mitad se acordó de un texto bíblico que cambió el derrotero de su vida: “El justo vivirá por la fe”. Lutero razonó: “Si ya Cristo la subió por mí. ¿qué hago yo aquí? Si debo vivir por fe, ¿para qué este sacrificio?” El monje se levantó y prosiguió la subida a grandes zancadas.

De regreso a su tierra, la vida de Lutero había cambiado. Se doctoró en sagrada teología y se convirtió en profesor en la moderna universidad de Wittenberg. Su conocimiento de la Biblia hizo de su cátedra una diferente a la que estaban acostumbrados los estudiantes. Varios cursos se basaban enteramente en el Tomo Sagrado. A veces se apartaba del latín y enseñaba sus clases en alemán.

Para construir la basílica de San Pedro, el papa Julio II había ideado vender las indulgencias. Por toda Europa, los monjes dominicos fueron llevando el decreto del papa y recolectando dinero. El abuso llegó al colmo al insistir en que, no sólo el dinero dado sacaba las almas del purgatorio, sino que tenía el poder de perdonar los pecados pasados, presentes y futuros de los dadores. Al ver este trágico espectáculo, Lutero se molestó, y el 31 de octubre del 1517, clavó un pliego conteniendo 95 tesis en contra de la venta de las indulgencias en la puerta de la catedral de la universidad e invitó a estudiantes y profesores a discutir con él su contenido. Esto fue el comienzo de la Reforma en Alemania, que repercutió por toda Europa.

Sin la autorización de Lutero, sus tesis fueron traducidas a los idiomas de Europa y distribuidas por todo el continente. Avisado el papa de las actividades del monje rebelde, este no le dio importancia. Pero a medida que pasaba el tiempo, los líderes de la iglesia consideraron a Lutero un peligro para la unidad de la iglesia.

Varios concilios se celebraron para enjuiciar a Lutero. Grandes disputas se llevaron a cabo, una de ellas con el doctor Juan Eck, paladín del romanismo. Nada convencía a Lutero, el cual tuvo que asistir a los concilios con un salvoconducto para ser protegido, ya que había amenazas de muerte contra él. Viendo el peligro que corría el reformador, Federico, elector de Sajonia y amigo de Lutero, lo raptó con sus guardas y lo llevó aun antiguo castillo llamado “El Wartburgo”. Inquieto como era, Lutero comenzó allí la traducción de la Biblia al idioma alemán, gracias a su conocimiento de las lenguas hebrea, griega y latina.

Mientras Lutero estaba en el Wartburgo, su amigo y colaborador Felipe Melancton y otros redactaron la “Confesión de Ausburgo”, la cual fue leída ante el emperador del Sacro Imperio Romano, Carlos V, en el concilio. El emperador intentaba reconciliar a los príncipes alemanes con Roma, pero no pudo. Los príncipes protestaron ante el concilio, declarando que nadie, ni el emperador, podían mandar en sus conciencias y se declararon evangélicos luteranos. Esta protesta ha dado a los no-católicos el mote de “protestantes”. La “Confesión” es el primer tratado sobre libertad de conciencia.

Lutero no quería apartarse del catolicismo, pero viendo que los líderes de la iglesia se mantenían en su posición de seguir con las prácticas anti-bíblicas, rompió con Roma y organizó la nueva iglesia. El movimiento luterano no estuvo exento de errores. Lutero aprobó la matanza de los campesinos rebeldes e hizo otras cosas que no estaban bíblicamente correctas. Varias de sus doctrinas eran muy cercanas a las del romanismo. Pero no podemos olvidar su gran contribución a la comprensión del Evangelio y su lugar en la obra de reforma.

“Tienes nombre que vives y estás muerto”; este es el fin pronosticado por Cristo del movimiento de la Reforma. El “canto de gozo” de “el justo por la fe vivirá”, se convirtió en una licencia para pecar. Muchos predicadores indicaron que la gracia y la fe no nos obligaban a obedecer los mandamientos de Dios. Que “esa ley” ya fue guardada por Cristo y que el nuevo pacto nos libraba de su observancia.

Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate por tanto de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré a ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré a ti (3:2,3).

El sabio Salomón nos dice en Eclesiastés 12:13: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.” La observancia de la ley de Dios nunca ha sido dada para salvar al individuo, más bien como una norma de vida para el cristiano. Pero la doctrina que pretende que el individuo salvado no tiene la obligación de guardar la ley de Dios es tan peligrosa o peor que la que hace un énfasis indebido en la observancia rigurosa de la ley para ser salvos. Las palabras de Cristo al joven rico son más que claras: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.” (Mateo 19:17) Pablo, el apóstol de los gentiles, tiene un texto que a algunos no les gusta: “…los hacedores de la ley serán justificados.” (Romanos 2:13)

Los que han aceptado la salvación de Dios a través del sacrificio de Cristo no guardan la ley para ser salvos, sino como resultado de la salvación recibida. Pero lo que enseñan algunos teólogos modernos está en contra de lo que la gracia significa. Pablo dice que el que está en Cristo es “una nueva criatura.” Lo que hace la gracia es transformar a un individuo, de un transgresor en un guardador de los preceptos divinos. La gran combinación es: “los mandamientos y la fe de Jesús.” (Apocalipsis 14:12)

Esa actitud negativa hacia la perfecta ley de Dios (Salmo 19:7), hace que Cristo indique a Sardis: “No he hallado tus obras perfectas delante de Dios.” Dios llama a los dirigentes a recordar lo que habían “recibido y oído”. Es necesario volver a la Biblia. Buscar en ella esas verdades preciosas y abandonar los “mandamientos de hombres.”

“Vendré a ti como ladrón” es otra alusión a la segunda venida de Cristo. “Él vendrá “como ladrón”, no en un “rapto secreto”, como dicen los modernos predicadores, sino que viene sin avisar. Al comentar Apocalipsis 1:7, hablamos de este tema.

Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas porque son dignos (3:4).

En el período de Sardis, a pesar de la proliferación de sectas y de las doctrinas falsas en contra de la ley de Dios, hubo sinceros cristianos. Las vestiduras blancas representan la justicia de Cristo. Al aceptar las provisiones del Evangelio recibimos ese ropaje celestial, pero es nuestro deber ineludible de mantenerlo en su blancura. Salomón nos dice: “En todo tiempo sean blancas tus vestiduras.” (Eclesiastés 9:8) Si la justificación por la fe pudiera resumirse en una palabra esta sería “dependencia”. Ni por un momento podemos dejar de mirar a Cristo, depender de su gracia.

El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (3:5,6).

Son los vencedores los que recibirán la salvación en el reino de gloria de Cristo. Si aquí en la tierra, a pesar de las maquinaciones satánicas, mantenemos las ropas de la justicia en toda su blancura, poseeremos por siempre el ropaje celestial.

El tema de la Justificación por la fe debe ser analizado a menudo. Se debe predicar con más entusiasmo. Esta doctrina ha de ser predicada, hasta que cada miembro de la iglesia esté familiarizada con ella. Este será el tema a estudiar aun en la eternidad.

La expresión “no borraré su nombre del libro de la vida”, indica una obra de juicio. Al aceptar a Cristo como Salvador, nuestros nombres son escritos en “el libro de la vida”. Pero eso no es garantía de salvación. En algún momento de la historia, los libros debían de ser abiertos y juzgados los casos de todos los profesos seguidores de Dios. Esta escena de juicio se presenta en el libro de Daniel 7:9-14. El momento de la apertura del juicio se halla en los capítulos 8 y 9 de Daniel, lo cual veremos en el próximo capítulo. Los victoriosos de Sardis, así como los victoriosos de todas los períodos eclesiásticos, han de pasar el escrutinio del juicio pre-advenimiento. Este acto no debe atemorizar a los cristianos, ya que contamos con el gran Abogado (1 Juan 2:1), Jesucristo. Él tomará nuestro caso y responderá por nosotros cuando nuestro nombre sea llamado.

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La sexta iglesia: Filadelfia

Filadelfia (3:7-13)

(Ap. 3:7) Escribe al ángel de la iglesia en Filadelfia: Esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre. {8} Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. {9} He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a sus pies, y reconozcan que yo te he amado. {10} Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré a la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra. {11} He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona. {12} Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldré de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. {13} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Escribe al ángel de la iglesia en FILADELFIA: esto dice el Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra, y ninguno abre: Yo conozco tus obras: He aquí he puesto ante ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre (3:7,8).

Filadelfia quiere decir “Amor Fraternal” y representa la iglesia en el período de 1798 al 1844. ¿Por qué escoger el año 1798 para el fin del período de Sardis y el comienzo de Filadelfia? En este año terminó el tiempo de la supremacía papal con el apresamiento del obispo de Roma por el general Berthier. Esta fecha tiene, como ya vimos, gran importancia para el estudio de las profecías de tiempo y se darán detalle adicionales en varios de los comentarios de otros capítulos de este libro.

Cuando esta fecha se cumplió, el mundo fue testigo de un gran despertar religioso. Sin conocerse uno al otro, predicadores en vario países hablaban de un mismo mensaje: el pronto regreso de Cristo. Uno de estos prominentes predicadores fue el doctor José Wolff, quien predicó exitosamente en su natal Inglaterra, en Abisinia y en otros países. Enrique Gausen predicó en Italia; Hetzepeter en Holanda, y José María Rozas, Francisco Ramos Mejía y Manuel Lacunza en varios países latinoamericanos.

Los Estados Unidos de Norteamérica tuvieron un digno representante del despertar en Guillermo Miller. Para el 1831, luego de varios años de investigación, Miller dictó su primera conferencia pública. Sus estudios lo llevaron a la conclusión de que el regreso de Cristo estaba próximo. Basado en Daniel 8:13,14, él concluyó que ese acontecimiento se verificaría entre el 21 de marzo del l843 y el 21 de marzo del 1844. En diez años, Miller predicó unos 3,000 sermones que conmovieron a toda la nación. Muchos pastores con sus congregaciones se unieron al reformador. Más de 100,000 norteamericanos y otros miles en otros países abrazaron la fe milerista.

Hubo gran expectación cuando se acercaba la fecha de marzo del 1843. Otras fechas fueron puestas y finalmente Samuel S. Snow convenció a Miller y el resto de los creyentes que debía ser el 22 de octubre del 1844, ya que en ese día los judíos celebraban el día de la expiación. La medianoche del 22 de octubre pasó y la esperanza de los Mileristas se desvaneció. Históricamente el acontecimiento se llamó “el gran chasco”.

Los mileristas habían vendido sus propiedades, abandonado sus trabajos y despedido de sus familiares y amigos. Algunos se habían ido a los campos a esperar la venida del Señor. Ahora tenían que enfrentar a un mundo escéptico, que se había burlado de sus creencias adventistas. El mismo Miller se excusó ante el pueblo y murió un poco más tarde sin entender su gran contribución al estudio de las profecías. Seguidores del reformador no permitieron que la luz del “mensaje del tercer ángel” llegara hasta él.

Un pequeño grupo de aquellos chasqueados se reunieron en varias ocasiones para estudiar de nuevo sus conclusiones y descubrir el error. Por más que escudriñaron, no encontraron error en los cálculos matemático-proféticos. Fue el milerista Hiram Edson que dio la clave para resolver el misterio. De camino a una reunión de estudio de la Biblia con algunos creyentes, Edson tuvo una visión donde contempló a Jesús vestido como el sumo sacerdote ante el arca del pacto. Al reunirse con sus compañeros relató su visión, y al estudiar los libros de Levítico y Hebreos, comparados con las profecías de Daniel 7,8 y 9, la razón del chasco fue aclarada. El 1844 no marcaba la segunda venida de Cristo a la tierra, sino su aparición ante “el Anciano de grande edad,” (Daniel 7:13) para el inicio del juicio pre-advenimiento. Si Cristo viene con el galardón para todos (Apocalipsis 22:12), entonces el juicio debe realizarse antes. Cada nombre escrito en el libro de la vida debe ser cotejado y ver si es digno de quedar en el libro, o, si no es un vencedor, ser borrado (Apocalipsis 3:5).

La “puerta abierta” ante la iglesia de Filadelfia es la puerta al lugar santísimo del santuario celestial, donde nuestro Sumo Pontífice está realizando la última fase de su ministerio, que es el juicio pre-advenimiento o juicio investigador. Una vez nuestro Salvador termine, Él vendrá por los suyos.

He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te He amado (3:9).

De nuevo la palabra “Judíos” está en sentido figurado y simboliza a los verdaderos cristianos. Algunos de los que se unieron a los mileristas lo hicieron por temor, sin sentir un verdadero interés por le mensaje de urgencia presentado por los líderes del movimiento. Estos son los falsos “Judíos”. Luego del chasco, varias iglesias fueron organizadas, algunas ostentando el nombre de adventistas, por seguir creyendo en el inminente regreso de Cristo. Otros siguieron poniendo fechas para la venida del Señor, cayendo en errores tras errores. Lo importante es la contribución inmensa de Miller al movimiento evangélico en los Estados Unidos de Norteamérica.

La profecía decía que los contradictores habrían de postrarse a los pies de aquellos que con tanto fervor anunciaron el evento tan destacado en la Biblia. Postrarse a los pies de estos es reconocer que su mensaje era verdadero. El hecho que tantas iglesias hoy enseñen la segunda venida de Cristo es evidencia del cumplimiento de esta profecía del Maestro. La frase milerista: “Cristo viene pronto”, es hoy lema de muchos evangelistas y predicadores por todo el mundo. Cristo no vino el 22 de octubre del 1844, pero su promesa es hoy más inminente. Cada minuto que pasa nos acerca más a ese gran momento. El consejo de Dios es para nosotros: “Prepárate para venir al encuentro de tu Dios” (Amós 4:12).

Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra (3:10).

Es tan hermoso oír de labios del Redentor palabras tan significativas: “Has guardado la palabra de mi paciencia”. En el verso 8 había dicho que el movimiento tenía “poca fuerza”, pero ahora alaba su fidelidad.

“La hora de la prueba” o “tiempo de angustia” que vendrá sobre la tierra será terrible. “Gritará allí el valiente”, escribió el profeta (Sofonías 1:14). La promesa a los vencedores es alentadora: Cristo los protegerá en la tribulación. El Salmo 91 contiene promesas fieles de Dios sobre su auxilio a los fieles en los días de la prueba. En el verso 15 el Señor asegura al cristiano fiel: “Con él estaré yo en la angustia”.

He aquí yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona (3:11).

Puesto que el día final se acerca, a la iglesia se le indica: “Retén lo que tienes”. Esto implica que las verdades desenterradas por el movimiento del despertar habrían de permanecer.

“Que ninguno tome tu corona” es un llamado a la fidelidad. Los ángeles están preparando las coronas que habrán de lucir los fieles, pero el que cae perderá su galardón y su corona la recibirá otro que sea digno. Al profesar creer en Cristo, nos convertimos en candidatos para la redención eterna, pero el juicio, comenzado en el 1844, decidirá quienes quedarán al fin como merecedores de la corona incorruptible. (El tema es explicado con más detalles en el siguiente capítulo: El Santuario.)

Al que venciere, yo le haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la Nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (3:12,13).

La columna en el templo representa la aportación de la iglesia del despertar, sobre todo, esta última fase de este gran movimiento, a la fe cristiana. El énfasis en la segunda venida de Cristo; la doctrina del Santuario, que se formuló después del chasco, y con ella la maravillosa aportación al descifrar la profecía de tiempo de Daniel 8:13,14 y la verdad del Sábado, que se inició con una iglesia milerista, constituyen la “columna” al mensaje que dará la última iglesia de la profecía, llamada “el Remanente”. Después de la Reforma del siglo XIV, nunca hubo un movimiento tan cargado de verdades que el que sigue luego del período de Filadelfia.

La promesa de la eternidad a los victoriosos de este período tiene que ver con el “nombre nuevo” y la residencia en la Santa Ciudad, “la Nueva Jerusalén”. Esta se encuentra en el cielo, pero ha de bajar, luego del milenio, para ser la capital del reino en la tierra renovada.

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La séptima iglesia: Laodicea

Laodicea (3:14-22)

(Ap. 3:14) Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: {15} Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! {16} Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. {17} Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. {18} Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. {19} Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. {20} He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. {21} Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. {22} El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.

Escribe al ángel de la iglesia en LAODICEA: Así dice el Amén, el Testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto (3:14):

El nombre Laodicea quiere decir “Pueblo del Juicio” y representa el período del 1844 hasta la segunda venida de Cristo. Es natural que ostente este nombre, pues es la última iglesia, el pueblo remanente, que comienza con el período del juicio, luego del cumplimiento de la profecía de los 2,300 días o años de Daniel 8:13,14. Es la iglesia que proclama: “La hora del juicio ha llegado” (Apocalipsis 14: 7).

Cristo se presenta a esta iglesia con tres títulos: el “Amén”, que significa afirmación; el “Testigo fiel y verdadero”, título que corresponde admirablemente a Jesús, que representó al Padre mientras estuvo en la tierra y ahora, como nuestro Sumo Pontífice, nos representa ante el Padre. Su final título en este texto es “el principio de la creación de Dios”. Hay quienes aseguran que estas palabras indican que Cristo es un ser creado, y por lo tanto no es divino.

Pablo dice otro título de Cristo, semejante a este: “el primogénito de toda criatura”. Ambas expresiones lo que indican es que Cristo es el autor de la creación. El texto de Pablo, tomado de Colosenses 1:15, continúa diciendo: “Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas y por él todas las cosas subsisten:” (versos 16 y 17) Nada es más elocuente para presentar a Cristo como el Hacedor de todo. Si es Creador, no puede ser criatura. Si es Creador, es Dios que merece ser adorado. Fue Pablo el que dijo también, luego de presentar la humillación de Cristo: “Por lo cual Dios también lo ensalzó a los sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla…” (Filipenses 2:9,10)

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente! Pero como eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca (3:15,16).

La condición de la iglesia en este período es triste: tibieza espiritual. Los laodicenses comprendieron bien las palabras del Testigo fiel. A Laodicea bajaba un arroyo que provenía de Hierápolis. La aguas salían calientes, pero al recorrer su camino hasta Laodicea se tornaban tibias. Podemos beber agua fría o caliente, pero la tibia es un vomitivo.

Son tres los estados que Cristo menciona: frío, tibio y caliente. El “caliente” es aquel que conoce lo que cree, lo comparte, es fiel a todos los requerimientos de Dios, es rico en obras de amor, pero ante todo, siente una dependencia constante en Dios. Su vista está puesta en Cristo y su vida gira en torno a Él. Este es el estado ideal.

El “frío” es el que está mal en la iglesia. Es posible que esté desanimado, pero se mantiene en la iglesia. Defiende lo que cree, pero no obra, no es ferviente. Pero lo más importante es que reconoce su estado. Es sincero para consigo mismo. Hay esperanza para este, pues en cualquier momento puede reconocer sus faltas y tornarse caliente.

El caso del tibio es sumamente peligroso. Veamos la causa de su tibieza: Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad: Y no conoces que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo (3:17).

El “tibio” conoce a plenitud las doctrinas de la iglesia. Es un gran líder. Podría ser un ministro o un prominente miembro de la congregación. Puede que ante la vista de sus hermanos y vecinos sea un ciudadano ejemplar. Pero su gran problema es que “no conoce”, no se da cuenta de su estado. Se parece exteriormente al caliente, pero la diferencia es que el tibio no siente la dependencia de Dios. Se cree sabio, pero no es sincero.

El estado de tibieza de Laodicea ha hecho que muchos miren a esta iglesia como tan corrupta que ninguno de sus miembros ha de salvarse. Pero tenemos que recordar que tanto las promesas como las amenazas de Dios son condicionales. Si no hubiera posibilidad para los laodicenses, ¿por qué Cristo se toma el trabajo de ofrecer remedios para sus males? ¿Por qué Él concede una promesa tan hermosa a “los vencedores”? Esto es una clara indicación de parte del Testigo fiel de que hay posibilidad de vencer. No temamos a ser laodicenses, pero seamos laodicenses victoriosos en Cristo.

Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas hecho rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y unge tus ojos con colirio, para que veas (3:18).

Cristo no dice que va a otorgar estos dones a los tibios laodicenses, Él dice que debemos comprarlos. ¿Por que comprar? Sencillamente porque tenemos que dar algo a cambio. ¿Y qué podemos nosotros dar al Maestro? Dios nos dice: “Dame hijo mío tu corazón.” Demos a Cristo nuestra voluntad, nuestro yo. Contemos con Él para todos los actos de nuestra vida. Sintamos que sin Él nada podemos hacer.

El primer regalo de Cristo es para corregir nuestra pobreza. Él dijo que somos desventurados, miserables y pobres. El oro significa la fe y el amor. Si tuviéramos esas virtudes el Señor no tendría que ofrecérnoslas. Seamos sinceros y veamos esa gran necesidad. Entre los dones del Espíritu ninguno es tan importante como el amor. Así lo declara Pablo en 1 Corintios 13. La fe es también incluida en la lista de dones.

Es imprescindible aprender a amar. En la iglesia puede que hayan hermanos que no nos agraden, pero tenemos que recordar que es posible que tengamos que compartir la eternidad con ellos. Aprendamos a tolerar a la gente con sus defectos y virtudes. El amor no puede ser fingido, sino sincero. Es el amor de Dios el que nos impulsa a amar a todos por igual. Oremos al Señor y seamos ricos en amor.

El segundo don es las ropas blancas. Estas representan la justicia por la fe en Cristo. Algunos enseñan que tenemos que buscar dentro de nosotros la capacidad para regenerarnos. Es por eso que vemos los fakires orientales caminando sobre brasas encendidas o acostados sobre camas de clavos. Durante la semana santa en Filipinas docenas de personas se crucifican y otros se azotan hasta sangrar. En la India, cada doce años, millones se bañan en el río Ganges con el propósito de purificar sus almas. Hay quienes se visten de saco o se atan a la cintura correas gruesas con partes filosas. Los que hacen estas cosas creen que así se limpian de sus pecados.

La gran verdad bíblica es que ya Cristo realizó un sacrificio expiatorio por todos los hombres. Es inútil tratar por nosotros mismos de alcanzar la aceptación de Dios. Cristo dice: “…Nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6) Pedro indicó: “ Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12) Las ropas blancas que Cristo ofrece es su propia justicia. El laodicense necesita deponer su orgullo y aceptar su desnudez de la justicia, para que Cristo lo vista con su ropaje celestial.

El último, pero no menos importante, de los regalos del Testigo fiel es el “colirio”. Los habitantes de Laodicea estaban familiarizados con este sencillo ungüento que curaba enfermedades menores de los ojos. El colirio que Cristo ofrece es el Espíritu Santo. Este don es indispensable, ya que es el único que nos ayuda a visualizar nuestra condición espiritual. Cristo está más dispuesto a dar su Espíritu a los que lo pidan que los padres a dar regalos a sus hijos. Debemos orar por un bautismo diario del Espíritu Santo. Debemos hablar más de Él, predicar más sobre Él. Como la naturaleza necesita el aire, el sol y la lluvia, así la iglesia necesita del Espíritu.

Algunos le temen a la presencia del Espíritu, porque se han confundido con el teatro burdo que se hace en algunas iglesias. Cultos alborotosos, música estridente y falsas lenguas son manifestaciones que muchos dicen ser obra del Espíritu Santo, pero está muy lejos de eso. La presencia del Espíritu es una experiencia maravillosa que cada cristiano debe poseer. La gracia del Espíritu que se nos concede hoy no rinde hasta mañana. Cada día tenemos que orar por esa presencia divina.

* Laodicea

MALES

Ceguera, Desnudez

REMEDIOS

Oro, Ropas Blancas, Colirio

SIGNIFICADO

Fe y Amor, Justicia de Cristo, El Espíritu Santo

Yo reprendo y castigo a todos los que amo; se, pues, celoso, y arrepiéntete (3:19).

Cristo le garantiza a los laodicenses que los ama. Esto es indicio de el cuidado de Dios por esta iglesia en quien Él ha puesto su confianza y a quién le ha encomendado el mensaje más significativo que jamás se ha predicado en el mundo. Cada uno de nosotros debemos aceptar con humildad la corrección del Todopoderoso.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: Si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo (3:20).

El tierno cuidado de Cristo por su iglesia es maravilloso. Él está fuera, llamando a la puerta del corazón, esperando que oigamos su llamado. Esto es una prueba más de que el caso de Laodicea no está perdido. Hay la oportunidad de una reconciliación con Dios. Basta sólo oír los consejos del Redentor, aceptar sus dones preciosos y abrir de par en par la puerta de nuestro corazón a Él.

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias (3:21,22).

Si es verdad que las amonestaciones a Laodicea son de las más duras de todo el pasaje de las iglesias apocalípticas, también es cierto que la promesa a los laodicenses victoriosos es la más hermosa y significativa de todas las demás. Sentarse con Cristo en su trono significa reinar con Él. La última generación de santos ha de ser el cuerpo gobernante del reino venidero. En el capítulo “El Sello del Dios Vivo” veremos la relación de los vencedores de Laodicea con los 144,000. Recuerde amigo: Usted, quiera o no, es parte de la iglesia de Laodicea, pues esta es la última. No habrá una octava iglesia. Laodicea es pues, la iglesia remanente en especial y el mundo cristiano en particular. El mensaje final de Dios, basado en Apocalipsis 14 y 18, ha de llegar a todos los confines de la tierra. La recepción de ese glorioso mensaje ha de decidir quienes son los vencedores, dueños de las preciosas promesas de Cristo.

Dios los bendiga ...